
Orígenes, fundación y vida de la ciudad blanca de Colombia: Armero, Tolima
Por: Adriana Arciniegas Galindo, Armero siempre
Nací en un pueblo que ya no existe, sin embargo, sé que es a través de la historia contada por cada uno de los que allí vivimos, nacimos o crecimos que se mantiene viva su memoria. Por ello se hace necesario narrarla, de no hacerlo, comenzará el olvido de la Ciudad Blanca de Colombia.
No es nada sencillo encontrar la historia de Armero antes del 13 de noviembre de 1985, pareciera que toda esa historia se fue junto con la avalancha, y lo triste, es que es cierto. No hay suficientes documentos que nos ayuden a reconstruir nuestra historia, excepto por algunas publicaciones de buenos samaritanos, unas cuantas revistas y artículos que se encuentran a través de Google y los libros escritos justamente después de la tragedia por sobrevivientes que, como yo, nacimos allí, pero que, como muchos, migramos desde la adolescencia a otra ciudad.
Escribir la memoria de Armero es más que necesario, es una obligación y una meta urgente, ya que solo a través de la historiografía haremos el análisis y las descripciones del pasado. Hoy hacemos esta narrativa con el ánimo de que la revista ARMERO SIEMPRE nos lleve a recordar continuamente que si hay algo peor que la ignorancia a secas, es la ignorancia histórica, o como lo dijo el filósofo y poeta español George Santayana: “Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores”.
Nace San Lorenzo:
En 1895 se determinó la fundación de un pueblo al que dieron el nombre de San Lorenzo en tierras que cediera la señora Dominga Cano de Rada, hija de Don Elías Cano, prominente hombre de negocios, conociendo como su primer sacerdote a R.P. Manuel Porras. Se desconoce la causa del porque se erige la población en ese lugar a pesar de que en el año de 1845 ya había ocurrido la segunda tragedia sobre el mismo lugar, causada por la erupción del volcán Nevado del Ruiz que formó un flujo de lodo a lo largo del río Lagunilla provocando la muerte de aproximadamente 1.000 personas y afectando un promedio de 12.000 hectáreas de tierra. La primera erupción se ocasionó en 1595 y afectó igualmente la zona por el río Lagunilla.
Tal vez por aquellos años, los señores Marco Sanín, Sinforoso Chacón, Raimundo Melo y Aurelio Bejarano, olvidaron tales sucesos como consecuencia del inmenso desarrollo que tomó la región con el establecimiento de la Hacienda del Santuario, de propiedad de William Vaughan, y la ponderada fertilidad de esas tierras.
No hay que olvidar de todos modos que, originalmente, San Lorenzo surgió como un caserío en 1895 para albergar a los trabajadores de las grandes haciendas y sus familias, creando comunidades dentro de las grandes propiedades para facilitar la obtención de mano de obra.
En el año 1908, el General Rafael Reyes, en su carácter de presidente de la República, de paso para Honda, llega hasta San Lorenzo, cuya estación del ferrocarril ha adquirido una gran importancia por todo el movimiento que conlleva el traslado del café que llegaba desde el Líbano, Tolima, así como los cargamentos de oro y plata de Frías (Falan).
Se cuenta que queriendo agradecer a sus fundadores la atención recibida, ese mismo día, en el mismo caserío, expidió el Decreto Número 1.049, con fecha 29 de septiembre, por medio del cual erigió ́ a San Lorenzo ́ en cabecera municipal. Posteriormente, el mismo General, expidió el Decreto Número 1181, con fecha 30 de octubre de 1908, por medio del cual le señaló ́ sus límites. Por último en el Decreto Número 73, expedido en Bogotá el 15 de enero de 1909, se determinó el límite con el Municipio de Lérida.
La Asamblea Departamental del Tolima, como justo homenaje y con el propósito de eternizar en la conciencia pública nacional el nombre del héroe y mártir, el doctor José́ León Armero, presidente de la República independiente de Mariquita, nacido en Mariquita en 1775, determina a través de la ordenanza número 47 del 2 de mayo de 1930, cambiar el nombre de San Lorenzo por el de Armero.
Como ocurre en muchos lugares, la industria permitió que el pueblo creciera y se elevara a Armero como municipio. Mediante el Decreto 106 del 11 de noviembre de 1930, se nombró al primer alcalde, el liberal Jorge Ferreira. Debido a la actividad comercial, principalmente ganadería y cultivos de algodón y de arroz, y a la fertilidad de una tierra asentada sobre el lecho de varios ríos, Armero comenzó a ser un foco de migración muy importante en el país. Según un informe de la Cámara de Comercio de Honda, citado por Hugo Viana Castro, más de cincuenta extranjeros llegaron al pueblo apenas cinco años después de fundado. Ciudadanos de Rumania, Siria, Alemania, Inglaterra, España, Francia, Estados Unidos y México aterrizaron en Armero, un pueblo que desde entonces no paró de crecer.
El Ministerio de Agricultura empezó una campaña de fomento de la fibra nacional, dado entre otras cosas, a que la Segunda Guerra Mundial había encarecido el algodón, creando el primer centro de investigación y adaptación del algodón del país, según registra la Confederación Colombiana del Algodón (Conalgodón).
En 1937 el Gobierno decidió proteger la producción interna gravando la fibra importada. Mientras tanto, en Armero ya había cerca de 2.000 hectáreas sembradas y una cantidad similar existía en El Espinal, que siempre les pisó los talones a los armeritas en la carrera por el título de capital algodonera del Tolima.
Los pilotos alemanes llegaron a Armero pasada la Segunda Guerra Mundial, pues ya el municipio era famoso por la instalación de la Granja Experimental Agrícola en 1934, cuando se vio la necesidad de impartir y dedicar un estudio sistemático para el avance de la industria agronómica y animal. Debido al rápido avance de cultivos como el algodón, una década después fue necesario fumigar con aeronaves una zona que se convertiría en la capital blanca de Colombia. Cuenta la historia que el capitán Hans Hoffman, en un Piper modelo J-3 Cub, de sesenta y cinco caballos de fuerza, inició la fumigación animada por don Martín Delgado, propietario de un cultivo que estaba siendo devorado por el gusano de Alabama. De ahí en adelante, el cielo de Armero se llenaría de pilotos y avionetas que cernían el arseniato de plomo sobre extensos sembradíos. Después de la primera época, en los años cincuenta, llegaron oficiales retirados de la Fuerza Aérea.
Sin embargo, la época de oro se vivió entre los 50 y 60, cuando el cultivo llegó a 14.000 hectáreas. En Armero quedaba la estación de tren de San Lorenzo, que ponía al municipio en un sitio privilegiado en la ruta que de Ibagué conduce a La Dorada y a Ambalema. La navegabilidad del río Magdalena facilitaba el comercio. Con seguridad, también fue clave la puesta en marcha de la desmotadora más grande del país, inaugurada durante el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla.
Las instalaciones de la Federación Nacional de Algodoneros se encontraban en la carrera 18 con calle 20. La pujante industria algodonera le valió a Armero el mote de “Ciudad Blanca de Colombia”. Los antioqueños y otros colonos llegaron a Armero debido a la fertilidad de sus tierras, que se convirtieron en un próspero centro agrícola para el cultivo de algodón, arroz y café. La región era muy atractiva económicamente, lo que atrajo a migrantes de diversas partes del país y del mundo, lo que la consolidó como un importante foco comercial e industrial.


